Mucho sufrimos los occidentales al ver que, por lo que parecía en un principio, Catherine iba a ser un dulce del que sólo iban a poder disfrutar los asiáticos. En la portada se podían leer las firmas de Katsura Hashino, responsable de Etrian Oddisey y los títulos recientes de la saga Shin Megami Tensei; y de Studio 4Cº, animadores del clásico Memories y colaboradores en otros proyectos de animación relacionados con el videojuego como el reciente Halo Legends. Afortunadamente Atlus escuchó las voces que pedían una edición PAL del disco, que llegó durante el pasado mes de febrero, once meses después del lanzamiento en Japón. Hubiera sido una pena que el resto del mundo se hubiera perdido un juego tan especial.
Vincent se encuentra en un momento crucial en su vida, los años se le echan encima y es momento de empezar a pensar en sentar la cabeza, su novia Katherine lo empuja hacia un matrimonio en el que prefiere no pensar. Sus amigos se encuentran en una tesitura parecida, cada noche discuten sobre el rumbo de sus vidas en el Stray Sheep (La oveja descarriada), su segunda casa. Todo da un vuelco cuando una de las noches conocemos a Catherine, una exhuberante rubia que, sin que sepamos cómo ni cuándo, consigue colarse entre nuestras sábanas. A partir de este momento tendremos que decidir qué rumbo tomar, si salvar nuestro amor con Katherine, o escapar por la tangente con la nueva chica.
Nuestro protagonista, a no ser que nosotros decidamos lo contrario, es un buen chico y los remordimientos le asaltarán a cada paso. Durante el día buscaremos la forma de solucionar el entuerto, durante la noche nos asaltarán pesadillas de las que no sabemos si saldremos vivo. Las elecciones que hagamos van mucho más allá de lo que estamos acostumbrados a ver, la historia se moldeará en base a estas: a las respuestas que demos en nuestras conversaciones, al caso que le hagamos a los personjes secundarios, a la forma y el tono en el que respondamos a los mensajes que se nos envían a nuestro teléfono móvil. Atlus ha conseguido que nos identifiquemos con el personaje, intentamos que sus decisiones se parezcan a lo que nosotros haríamos en la vida real, usar nuestra ética personal, nos preocupa cómo se desarrolla la situación. Catherine situa al jugador en medio de los acontecimientos y le da libertad de movimiento, nos implica de forma activa, obliga a que el espectador tome cartas en el asunto y sienta que las decisiones que toma le afectan de igual manera que al protagonista.
El Stray Sheep es el lugar dónde comienza cada una de las jornadas, en él comprobaremos cómo han afectado nuestras acciones de los días anteriores a nuestros amigos e interactuaremos con el resto de personajes de la historia. Nos podemos mover por él con total libertad, hablar con quien nos apetezca, echar una partida a la recreativa o tomar unas copas. Mientras tanto, la clientela irá yendo y viniendo, y con el tiempo incluso llegaremos a cogerles cierto afecto. El resultado de lo que hagamos en este tiempo influye directamente en los sueños de esa noche.
La iconografía nos rodea continuamente, y aunque no lo parezca en un principio, podríamos incluir al juego de Atlus dentro de la lista de juegos cristianos sin ningún problema. Las cruces, los carneros, la escalera, la moral que hay detrás de la historia o la simbología que se va descubriendo detrás de muchos de los personajes. Incluso la música, adaptaciones rockeras de composiciones clásicas creadas especificamente con esta fé en mente. Hay que subrayar que en ningún momento se hacer referencia directa a estas creencias, aunque algunas de las respuestas que se dan por correctas en el juego pueden estar algo alineadas con este dogma.
A estas alturas todavía no hemos hablado de puzles, y eso que se supone que Catherine va de eso. Una vez volvamos a casa y Vincent caiga abatido tras el largo día, se nos trasladará a la base de la tremenda escalera que tenemos que trepar para escapar con vida. La montaña es alta, los bloques que tenemos que mover para avanzar son traicioneros, y para colmo van cayendo al vació periodicamente, impidiéndonos volver sobre nuestros pasos. No es nada fácil llegar a la cumbre y el “pánico” que nos invade al subirla no ayuda, repetiremos la misma parte una y otra vez, pero tocar la campana que indica el triunfo liberará todo el estrés acumulado. Quedan algunas aristas en cuanto a la posición de la cámara en algunas situaciones en las que no podemos ver al protagonista de forma clara, lo que suele llevarnos a cometer errores de cálculo a la hora de movernos entre los bloques.
Una noche puede tener más de un puzle, y cada vez que superemos una de las escaleras llegaremos a un área de descanso, un lugar de tránsito lleno de carneros que intentan sobrevivir tal y como hacemos nosotros. Encontraremos a más personajes con los que hablar, compartir técnicas o comerciar para adquirir objetos con los que ayudarnos a escalar, cuando nos decidamos podremos pasar a la siguiente fase. La dificultad de Catherine es asumible, sólo hace falta algo de práctica para superar los retos con éxito y, aunque pueda desesperar en algún momento, no es imposible. Su progresión es algo extraña, si en los niveles se hacen más complicados hacia la parte intermedia de la partida, al final este ascenso se suaviza levemente.
La estructura narrativa del juego, seccionada en capítulos, es capaz de obsesionarnos tal y como lo puede hacer cualquier serie. El equilibrio es perfecto, cuando el Stray Sheep no pueda darnos más, saltaremos al mundo de los sueños y viceversa. El ansia de conocer qué sucederá la siguiente noche, o cómo andará la clientela del Stray Sheep nos hace pulsar el botón de continuar incluso cuando sentimos esa sensación que nos indica que “tienes más cosas que hacer aparte de pasarte toda la tarde jugando a la consola”.
Para aquellos que se queden con las ganas hay otros modos con más puzles y otros niveles de dificultad que suponen un reto considerable. Destacar el Colosseum, en el que podremos enfrentarnos en local con nuestros amigos, realmente divertido. Pero si hay algo que nos haga reiniciar la tormentosa historia de Vincent es la duda sobre cómo hubiera cambiado el rumbo de la historia si hubiéramos elegido “la otra respuesta”: ¿Qué hubiera hecho nuestra novia?, ¿Cómo cambiaría la relación con nuestros amigos?, ¿Podría haberme quedado con las dos sin que se dieran cuenta?, ¿Qué diría la gente del bar? Algo que empieza a pesar sobre nuestros hombros mucho antes de llegar al desenlace final de la historia, cuando empezamos a notar que las decisiones que hemos tomado afectan realmente a su desarrollo.
Conclusión
Catherine es un juego de puzles capaz de sumergirnos en la trama de la historia como no lo había hecho ninguno en su género hasta ahora. A su vez, nos implica en las decisiones que tomamos durante su desarrollo, una sensación que no solemos experimentar en este tipo de situaciones. El ritmo y la narrativa nos obligan a ver la situación en primera persona, y los problemas por los que pasa Vincent son tan comprensibles para el espectador que es imposible que se sienta ajeno. Si lo dejáis pasar os estaréis perdiendo un paso evolutivo y uno de los referentes de esta generación.