Analisis
Analisis
Analisis
Analisis
Analisis
  • Destacado
  • Destacado
  • Destacado
  • Destacado
  • Destacado
< 12345 >
Análisis: Diablo III
JUAN LINDE 2 JUNIO 2012

Estimados amigos de Blizzard,

Tengo que empezar disculpándome por mi falta de cortesía, me gustaría andarme sin rodeos, declarando mis intenciones desde el principio y así evitar un hachazo en la espalda en el último momento. No sois de mi agrado. No me gusta Blizzard ni sus políticas en los últimos años. Y esto es algo que suelo defender cada vez que sale el tema. Pero joder, tampoco lo voy a negar, se os da bien esto de hacer juegos (muy bien ¡qué narices!) y a pesar de mi desacuerdo con vosotros soy de los primeros en pasar por caja. Es más, conté día a día, minuto a minuto, el tiempo restante para el lanzamiento de Diablo III sin poder distraerme con otra cosa porque nada me saciaba. Lo digo en serio. Hasta llegué a verme delante de Diablo II en una tienda, apunto de volver a comprarlo. Quería vuestro maná, ponía el grito en el cielo y blasfemaba contra vosotros siempre que tenía ocasión, pero, como buen adicto, volvía a las puertas del camello, a quien no soporto, pero a quien amo. Sí, os amo.

Ahora, está a mi lado esa caja tan bonita con la que yo y muchos otros hemos soñado despiertos.

Ha pasado bastante y todos tenemos nuevas canas. Sabemos que habéis aprendido mucho en estos últimos doce años de exuberante crecimiento y nos habéis demostrado que siempre encontráis la fórmula que nos gusta sin defraudarnos. Mientras tanto, hemos esperado con toda la calma posible el regreso de una de vuestras franquicias más importantes (si es que acaso tenéis una que no sea importante).

Desde que llegó a mis manos me ha costado desprenderme de mi ratón, me han dolido los dedos de hacer click y me he terminado algunos actos del tirón. La droga sigue funcionando muy bien, una ola de dopamina en mi accumbens. Todo porque Diablo III es, en su apartado jugable, una actualización muy conseguida de las entregas anteriores. No hay ninguna gran novedad en este sentido, tampoco se echa en falta. Se sigue resumiendo en un continuo avance asesino a ritmo de click en busca de obtener mejores objetos y subir de nivel. Un planteamiento que una década después sigue funcionando muy pero que muy bien.

Dentro de esta reforma destaca el cambio de clases. Ahí están el bárbaro y el mago, que parecen casi insustituibles, pero la idea de incluir rarezas como el médico brujo, el monje o el cazador de demonios es admirable. Adiós a los tópicos y bienvenida sea la valentía de incorporar una clase tan tribal y estrafalaria como la de ese “Dhalsim”. Funciona bien, termina encajando y difumina el hedor a refritos de las clases en los juegos de rol. Genial.

Estas tres nuevas clases son amor para nuestros ojos porque sus habilidades son bastante originales y espectaculares. Me gusta ver unas invocaciones bien grandotas y con muy mala leche o unas campanas gigantes cayendo sobre una manada de diablillos, soy fácil de conquistar. Pero la cosa no queda aquí. Dejando al lado lo artístico, la jugabilidad que plantea el cazador de demonios tiene bastante de novedoso y refresca el ambiente. Es un placer eso de ejercer de “Rambo” con los no-muertos.

Otro punto memorable es la incorporación de físicas tan acordes a los tiempos que corren, algo que le da un carácter destructivo aún mayor, lo que le viene como anillo al dedo. Caminar viendo como escenarios se desmoronan, como troceamos al enemigo y, por supuesto, como todo lo que nos rodea baila al son de nuestros golpes. Son detalles como estos los que creo que consiguen traer de vuelta Diablo a la actualidad.

Y, claro, gracias por ese genial doblaje en castellano y, en general, por la banda sonora que nos lleva a sumergirnos de lleno. Muy bien. Aunque por aquí me han dicho que como la voz en inglés del médico brujo no hay nada.

Además, como no, en compañía todo funciona mejor, donde la colaboración en equipo, los gritos y el orgullo que nos inunda al avanzar se hacen presentes y dota al juego de un adictivo modo multijugador que promete muchos fines de semana abrazados al ratón con nuestros amigos. Eso es que nosotros ansiamos y lo que nuestras parejas temen.

Todo esto es para quitarse el sombrero, lo que no quita la inmensidad de “peros” que los jugadores hemos encontrado. Ahí tenéis vuestros foros oficiales echando chispas, fuego y hongos nucleares. Pero ¿qué narices no funciona en Diablo III? ¿Nos hemos vuelto demasiado tiquismiquis? Pues posiblemente, pero ya me gustaría vociferar por todo lo alto que esta es la tercera entrega perfecta. Tendré que quedarme con las ganas.

En primer lugar, como no podía ser de otra forma, hay que hablar de la necesidad constante de estar conectado a vuestros servidores para jugar. Para quien no lo sepa, el juego tiene una campaña offline muy atractiva (aunque esté bastante orientado a jugar acompañado) por lo que deberíamos poder disfrutar del a-rpg  sin conectarnos a la red. ¿Qué pasa? Pues que claro, querer implementar una casa de subastas con dinero real hace que en Blizzard tengan que estar controlándonos continuamente. Y ojo, me parece muy bien, el problema viene cuando los jugadores pasamos por penurias de todo tipo al tener que jugar online: servidores que se ven colapsados, partidas que desaparecen y objetos que se esfuman de tu cuenta. De nuevo, aquellos que confiamos en un producto y lo compramos de salida volvemos a pagar el pato. Bravo. Seguramente dentro de unos meses estos problemas sean cosas del pasado, de acuerdo, pero la traba de tener que jugar online a todo momento estará ahí. ¿Os imagináis (tratando de imaginar mucho) que algún día cierra Blizzard y se van al traste sus servidores?

En fin, imaginemos que este sistema funciona muy bien. Genial, Diablo III está muy orientado al modo online y  vosotros manejáis esto como nadie. Como bien sabemos, esto de las comunidades en línea funciona gracias a la insaciable motivación que tenemos los jugadores por medir y comparar. Qué maravillosamente simples somos. Amigo, mira mi bárbaro, es la continuación digital de mi falo (lo siento, no se me ocurre la versión femenina del chascarrillo). Pero claro, esto gusta si tu miembro viril de nivel 50 es único. Por desgracia, en el juego la nula personalización de héroes hace que cualquier personaje sea idéntico a otro del mismo nivel. Adiós al árbol de habilidades, a un posible editor de personajes, a repartir los atributos cuando subamos de nivel. Para vosotros, como para Cristo, todos somos iguales, a excepción de nuestros objetos. Bonita forma de obligarnos a participar en las subastas.

Y siguiendo con esta lista de “peros” me apetece hablar del diseño de niveles y del apartado artístico. Bien es cierto que este último no está descuidado en ningún momento, ni mucho menos. Es más, algunos escenarios se quedan clavados en nuestras retinas mientras dejamos el ratón para aplaudir. Viva, viva gritamos los entusiastas en un ridículo apogeo. Y es que el juego continúa siendo muy atractivo, macabro, lleno de sadismo y de mal gusto pero (y aquí viene el “pero”) ¿por qué tengo que acordarme de Warcraft o de los Protos cuando juego a Diablo? Larga vida a los cambios, a la evolución, pero veo que la franquicia ha pasado de tener un planteamiento artístico propio a ser un mejunje, un coctel agitado, del resto de vuestros juegos. Habéis dejado vuestra firma, pero a costa de quitarle algo de personalidad a esta saga. Me refiero a la paleta de colores, a la iluminación, al diseño de algunos enemigos y ese escenario del último acto. Sí, ¡ese último acto!

Entiendo que esto último es parte de una obsesión mía (¿cómo todo el análisis?) pero quizá no lo sea tanto cómo habéis planteado los niveles. En concreto, los dos últimos actos. Escenarios que se alargan hasta la saciedad, la falta de objetivos, una primera vuelta cuya ausencia de dificultad consigue aburrir en algunos momentos o ese cuarto acto tan corto y “disperso”. Y mira que el paseo por Tristán está verdaderamente bien, bastante inspirado, consiguiendo engancharte con cada misión, pero el resto da una sensación de inacabado, de prisas y plazos que hay que cumplir. En resumidas cuentas se mezclan elementos que me encantan (variedad de misiones, una par de jefes finales inolvidables o eventos con cierta inspiración) con otros que no terminan de cuajar (monotonía –en un juego monótono por sí-  o un jefe final para el olvido).

Conforme acabé me auto-convencí diciéndome venga, ha sido la primera vuelta, esto mejorará, como obligándome a amar a Diablo III. Y bueno, ya sabemos como terminan estas relaciones. Uno continúa jugando y se da cuenta que no, los grandes problemas y las grandes virtudes siguen estando horas después. No se debía a esto.

Bueno Blizzard, en general, bien por Diablo III. Pero con toda esta chapa vengo a deciros que no os conviene eso de dormirse en los laureles. Habéis creado un nombre, una marca y una reputación. Tenéis legiones de seguidores que os siguen porque suelen ser bastantes inconformistas y vosotros les habéis dado el plato que pedían. Espero que los pequeños tropiezos en este juego y, sobre todo, cómo vuestros compradores están respondiendo a ellos sirvan para evitar cosas así en el futuro. Aún con todas, gracias por las horas de diversión absoluta que llevo y que me quedan con Diablo III.

Un saludo.

Conclusión

Diablo III es amor. Pero lo es porque la mecánica de sus dos anteriores entregas sigue engrasando los engranajes de la adicción al mismo nivel, no tanto por las novedades que incorpora. No es que no sea un mal juego, es que es un señor a-rpg de los pies a la cabeza y sigue mirando por encima del hombro a muchos de sus compañeros. Sin embargo, esa magia de Blizzard, esa pasión por los pequeños detalles, no brilla como de costumbre y no son pocos los “peros” que podemos echarle en cara al juego.

Es una tercera parte digna, no voy a decir lo contrario, pero bien es cierto que si se hubiese tenido en cuenta pequeños aspectos o si se hubieran llevado de otra manera, el juego podría haber sido mucho más de lo que es, que no es poco. Después de tantos años de genialidad entiendo que no vamos a conformarnos con menos.

Yo os recomiendo fervientemente Diablo III, a amantes de la franquicia y a novatos que sientan un mínimo de curiosidad, pero ojo, manteniendo los pies en la tierra y sin esperar grandes revoluciones.

COMPARTIR ESTE ARTÍCULO
DÉJANOS TU COMENTARIO
Puedes dejar tu comentario registrandote en el blog o por medio de Facebook connect, son sólo 5 segundos y podrás gestionar y seguir todos los comentarios que hagas.