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Análisis: Sonic the Hedgehog 4: Episode II
XIMO GóMEZ DE MEMBRILLERA 24 MAYO 2012

Resulta curioso que el principal lastre para un videojuego sea su título, pero esto es exactamente lo que ocurría con Sonic 4: Episode I. Más allá de los problemas de física que presentaba el juego, el público entendió (alentado por algunos medios especializados) que se encontraba ante el heredero directo de aquellos grandes plataformas de principios de los 90 protagonizados por Sonic y compañía y que, como tal, no estaba a la altura. Después de casi una década de decepciones constantes (entre las que se intercalaba alguna genialidad como el fantástico Sonic Rush para Nintendo DS) los cada vez más recelosos fans, al anunciarse una nueva entrega numerada, no pudieron sino anticipar un flamante hito en las aventuras del erizo azul. Nada más lejos de la realidad. Sonic 4: Episode I no aportaba nada demasiado nuevo a la saga, ni pretendía ser el sucesor de nadie. Era simplemente un juego sencillo y divertido, un particular homenaje de SEGA a su personaje estrella en el que lo único pretencioso era su nombre. Y si en el episodio 1 se homenajeaba sobretodo (pero no exclusivamente) al primer Sonic de Mega Drive, en Sonic 4: Episode II se hace lo propio, como no podría ser de otro modo, con el segundo.

Así, al igual que ya ocurriera en aquel ya lejano Sonic The Hedgehog 2, nuestro protagonista recibirá la inestimable ayuda de Tails, el voluntarioso zorrito de doble cola y sonrisa perenne, en su afán por detener a los clásicos malosos de turno, esta vez representados por el inefable doctor Robotnik y Metal SonicTails no hace las veces de mera comparsa, puesto que interactuar con nuestro compañero anaranjado resulta fundamental para avanzar por cada uno de los niveles en los que se divide el juego e incluso para derrotar a los jefes finales. Además, su asistencia facilita mucho las cosas en momentos puntuales, aun cuando no es estrictamente necesaria.

En esta entrega vuelve a quedar patente la naturaleza continuista del título (entendido en su conjunto) en lo que a reminiscencias y guiños al pasado de la saga se refiere, pero se han añadido interesantes novedades en el apartado jugable, precisamente para habilitar a Tails y dotarle de peso especifico. De este modo, y simplemente apretando un botón, nuestro pequeño amigo acudirá raudo en nuestro auxilio para llevar a cabo tres acciones distintas y muy socorridas. El que realicemos una u otra dependerá del medio en el que nos encontremos en el momento de pulsar el botón de marras: si estamos en el aire, Tails nos sostendrá mientras se impulsa con sus dos colas a modo de hélice para ayudarnos a alcanzar determinados lugares o para evitar que caigamos al vacio; si estamos en el suelo, ambos compañeros se fusionarán para formar un veloz rodillo que sembrará el caos y la destrucción a su paso; y si estamos sumergidos en el agua, usará de nuevo sus versátiles apéndices para propulsarnos con facilidad por el líquido elemento.

En lo demás, el juego contiene todos los ingredientes que uno espera encontrar en un título de Sonic. Es veloz, aunque sin llegar a los extremos de otras entregas y sin llegar a dar autentico vértigo. También llama la atención el diseño de los niveles, sobre todo hacia el final del juego, pero de nuevo uno tiene la sensación de que no se ha puesto toda la carne en el asador, de que se podría haber dado alguna vuelta de tuerca más (me viene otra vez Sonic Rush a la cabeza, e incluso su muy lograda secuela). En definitiva, es un juego sencillo, al igual que su predecesor, pero igualmente divertido y adictivo. Una vez nos ponemos con él, nos vemos compelidos a jugar hasta el final.

Y esto entronca con el que de seguro para muchos será el mayor hándicap del juego: el final se alcanza demasiado rápido. Un jugador medio puede llegar a pasarse la primera vuelta en una tarde. Obviamente, esto solo incluiría el modo para un jugador y pasar por los distintos niveles como alma que lleva el diablo sin detenerse a explorarlos. Exprimir todas las posibilidades, descubrir todos los secretos, acumular todas las esmeraldas del caos para poder transformarnos en Súper Sonic (vale la pena, os lo aseguro) llevará algo más de tiempo. Y eso sin contar con posibles “piques” en el modo contrarreloj o con el multijugador cooperativo, del que hablaremos más adelante. Además, SEGA premia la fidelidad de los seguidores del decidido erizo y regala cuatro niveles extra protagonizados por Metal Sonic a aquellos que se descargaran en su día el episodio 1 (de hecho, son actos extraídos de dicho juego, adaptados en consecuencia).Con todo, los 16 niveles, incluídos los 4 extra a los que no todos tendrán acceso, más las 6 fases de jefe, se antojan escasos y nos dejan con ganas de más.

Un aspecto que hubiese podido ayudar en gran medida a mitigar la sensación de que la duracion es excesivamente escasa hubiese sido la incorporación de una experiencia multijugador mejor adaptada. Lamentablemente, el modo cooperativo propuesto no encaja demasiado bien en el esquema jugable de ningún videojuego protagonizado por Sonic en general ni de éste en concreto, sobretodo porque la velocidad a la que transcurre la acción es lo que caracteriza estos juegos y los convierte en algo especial. De una forma similar a lo que ocurría con Sonic Colors de Wii (un videojuego sobresaliente en todos los demás aspectos), el multijugador exige una compenetración rayana en la telepatía para evitar que uno de los dos compañeros no se quede atrás cada dos por tres, lo que en última instancia relegará dicho modo al ostracismo en la mayoría de los casos debido al alto grado de frustración que genera.

Por último, mencionar que Sonic 4: Episode II cumple en lo técnico, con un apartado visual muy simpático, si bien nada espectacular, que deja todo el protagonismo a la acción y la jugabilidad; en este sentido, el juego se desliza como Sonic sobre aceite, que es lo que procede. En el campo sonoro, una de cal y otra de arena: efectos clásicos y solventes frente a unas melodías de corte retro y en bucles demasiado cortos que harán que a más de uno y a más de dos les entren ganas de arrancarse los tímpanos de cuajo para no tener que escucharlas. Otra opción es bajar la música a tope en el menú de opciones y escuchar lo que a cada cual le apetezca. Vosotros mismos.

Conclusión:

Sería un error valorar Sonic 4: Episode II dándole al número que integra su nombre la más mínima importancia. Una vez eliminado todo el peso simbólico de ese detalle y centrándonos únicamente en lo que en realidad nos ofrece, nos encontramos con un juego ligero, asequible y muy entretenido, aunque demasiado corto. Aparte de a los incondicionales y a los nostálgicos, el juego está claramente dirigido al público infantil. Es por esto que se trata de un título excelente para compartir momentos de calidad con los más pequeños mientras les dejamos boquiabiertos con nuestra habilidad al mando y nuestro conocimiento del  protagonista y sus amigos, a la vez que los iniciamos en el fascinante mundo de los videojuegos de la mano de uno de sus personajes más ilustres.

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Hay 2 comentarios
  • avatar
    Jesús - El 27 de mayo de 2012 a las 23:25
    #1

    Hay una cosa en este Sonic que me molestó sobremanera y que no recuerdo que ocurriera en el Episodio 1: las automatizaciones. Hay una pantalla en concreto, la segunda parte del mundo de nieve, que transcurre en una especie de montaña rusa o parque de atracciones, en la que me quedé acongojado viendo que podía tirarme unos 15 o 20 segundos sin tocar nada, que Sonic seguía a lo suyo entrando en loopings y cogiendo aceleradores por inercia.
    Entiendo que en Sonic siempre ha primado la velocidad sobre otras cuestiones, pero en este título en concreto me pareció bastante absurdo el abuso.

  • avatar
    Ximo Gómez de Membrillera - El 27 de mayo de 2012 a las 23:35
    #2

    Tienes toda la razón, pero recuerdo que esa misma sensación la tenía yo ya cuando jugaba a sus primeros títulos en Game Gear. Al principio me llamaba mucho la atención, acostumbrado como estaba a Mario y compañía, pero ahora ya no le doy importancia. Igual se han pasado un pelín tratando de revivir aquellos momentos. La verdad es que no me dí ni cuenta.

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