Los que estuvisteis con nosotros leyendo la primera parte de este pequeño homenaje a SEGA, en el que repasamos la historia de la compañía centrándonos en sus logros más destacados, recordareis que nos detuvimos en un momento trascendental: nada menos que el lanzamiento en Japón de SG (Sega Game) 1000, su primer sistema de videojuegos de sobremesa. Los que todavía no la hayáis leído podéis hacerlo ahora tranquilamente pinchando aquí, que os esperamos lo que haga falta. ¿Estamos todos? Continuemos pues.
El citado lanzamiento se produjo exactamente el 15 de julio de 1983, fecha en la que, como quizá sepáis algunos, se dio una circunstancia que no podría resultar más curiosa: ese mismo día también salía a la venta en el País del Sol Naciente la Family Computer de Nintendo, más conocida por aquellos lares como Famicom y que posteriormente sería rebautizada como Nintendo Entertaiment System (o NES, abreviando) para su comercialización en occidente. “¡No puede ser!”, habréis pensado o, incluso, exclamado algunos. Pero sí, así es. Y pese a que es más que probable que no se tratase de una coincidencia sino que respondiese a una estudiada estrategia de mercado, a pocos se les escapa la carga dramática de dicha circunstancia. No en vano, la famosa y, casi siempre, cruenta rivalidad que ambas empresas mantendrían a lo largo de cerca de dos décadas hace que resulte totalmente imposible contar la historia de una sin contar parte de la de la otra.
Bien es verdad que las ventas de SG 1000 fueron muy discretas desde el primer momento, pero no es menos cierto que la consola de SEGA no solo tuvo que hacer frente a la arrolladora competencia de la máquina de Nintendo, sino además a la de su propio hermano mayor, el modelo SC (Sega Computer) 3000, primer y último ordenador de la marca. Éste contaba con todas las características de SG 1000, incluyendo, por supuesto, una total compatibilidad a nivel de software e incorporando además las ventajas de un sencillo ordenador personal, como la posibilidad de programar en Basic; todas estas circunstancias llevaron al público a preferirlo por encima de su versión “consolera”, a pesar de costar prácticamente el doble.
De todas formas, el verdadero problema lo constituía Nintendo. Desde el principio quedó patente que Famicom no iba a poner las cosas fáciles a ninguno de sus competidores. Aun así, mientras otros se retiraban escarmentados de la contienda a las pocas semanas de haberse iniciado (fabricantes como Takara, Bandai o Casio), SEGA se mantuvo en ella con tenacidad, centrando sus esfuerzos en pulir defectos y en aportar mejoras que otorgasen competitividad a su producto. Una primera muestra de este tesón fue la salida al mercado del modelo SG 1000 II, apenas un año después que su predecesora. Se trataba de una revisión cuya principal novedad, descontando adiciones meramente cosméticas, consistió en la incorporación de un joypad extraíble similar al clásico de Nintendo, con cruceta y dos botones frontales, en contraste con el joystick integrado del modelo anterior.
Lamentablemente, y aun logrando éxitos moderados en Europa, Sudáfrica y, sobretodo, Australia y Nueva Zelanda, ni con todo este empeño logró SEGA hacerse con una parte significativa del mercado japonés. Una de las claves de la falta de entusiasmo por parte de potenciales compradores quizá estuviera en la ausencia de títulos emblemáticos que distinguiesen a la marca de sus oponentes. En efecto, su repertorio lo componían mayormente conversiones de juegos desarrollados para recreativas que, de todos modos, se podían encontrar en otros sistemas; tal es el caso de Space Invaders y Galaga (cuya popularidad los hacía indispensables en cualquier catálogo), Wonder Boy (simpático juego de plataformas que, junto a sus secuelas, gozó de cierta exclusividad en consolas de SEGA sin llegar a trascender demasiado), Zaxxon (una de las primeras conversiones de arcade a consola de un título propio de la compañia, algo que, como veremos, conformará la base de futuros triunfos) o el archiconocido Lode Runner (¿primer gran “mercenario” multiplataforma sin un origen arcade?).
En cualquier caso, la generación de los 8 bits estaba lejos de terminar y SEGA estaba más lejos aún de tirar la toalla en su pelea por ocupar un lugar relevante. Esto lo conseguiría por fin con la entrañable Sega Master System (¡que levanten la mano todos los que se “estrenaron” con ella!), una revisión de la infructuosa SG-1000 II que, esta vez sí, incorporaba sustanciosas mejoras de hardware. Y los avances no consistieron tan solo en hacer más potente la nueva máquina; las primeras versiones soportaban además dos formatos de videojuegos diferentes: los cartuchos, de sobra conocidos, y las más ligeras Sega Cards. Estas últimas tenían el tamaño aproximado de una tarjeta de crédito y con ellas se podía disfrutar de clásicos más sencillos a un precio módico. Las Sega Cards no eran una novedad en sí, puesto que ya era posible jugar a las mismas en el modelo SG 1000 II mediante un lector que se adquiría por separado, pero con Master System dicho lector estaba integrado en la consola (por lo menos, hasta la salida al mercado de Master System II, modelo que ya no lo incluiría debido a la falta de éxito del formato). Comenzaba además el festival de los periféricos: a la inevitable pistola de luz se añadían, entre otros, unas peculiares y futuristas gafas que, conectadas precisamente en la ranura de las Sega Cards, servían para visionar en tres dimensiones los juegos programados a tal efecto (¡no hay nada nuevo bajo el sol!). Lo malo es que solo ocho juegos con esta característica fueron puestos a la venta, así que el proyecto no tuvo demasiado éxito. Una lástima.
A pesar de todas las novedades, los inicios de Master System no auguraban nada bueno; a finales de 1985, la versión original de la misma, bautizada como Mark III y que solo se comercializaría en Japón, se volvía a dar de bruces con el poderío de Famicom, que por aquel entonces lideraba virtualmente en solitario el mercado nipón. Además, en 1986, Sega System se convertía en la primera consola de la compañía en desembarcar en Estados Unidos, solo para encontrarse con que su némesis, ahora bajo el nombre de NES, ya había conquistado esas tierras y era el amo y señor indiscutible de las ventas de consolas en aquel país desde su lanzamiento en octubre de 1985. Alguno estará señalando “Sega System” con el dedo, unas líneas más arriba, al grito de “¡una errata, una errata!”. Pero no se trata de una errata, queridos lectores, pues SEGA comercializó dos paquetes inicialmente en Estados Unidos: Sega Base System, que solo incluía consola y un joypad, y Sega Master System, con pistola de luz y un segundo joypad. La mayor aceptación del segundo paquete motivó que la compañía adoptase dicho nombre para referirse a la videoconsola.
No obstante la fría acogida que nipones y norteamericanos dispensaron a la nueva máquina de SEGA, todavía quedaba mercado y tiempo de sobra para conseguir cosas importantes. En septiembre de 1987 la ya denominada Sega Master System llegaba finalmente al continente donde, al menos en términos de ventas, cosecharía sus éxitos más rotundos: Europa. Y llegaba para quedarse.
Efectivamente, pues durante los dos años transcurridos desde que saliera a la venta en Japón en la forma de Mark III, la consola había tenido tiempo de sobra para nutrirse de un catálogo de juegos lo suficientemente amplio y atractivo. Además, dicho catálogo recibiría en años posteriores un goteo constante de títulos de calidad procedentes tanto de desarrolladores externos (los cuales sí darían en Europa el apoyo que no daban en Estados Unidos y Japón) como de conversiones de grades éxitos para recreativas y Sega Mega Drive (la siguiente consola de la saga, de la que hablaremos largo y tendido más adelante). Estas y otras circunstancias llevaron eventualmente a la máquina de SEGA a comandar las ventas globales en nuestro viejo continente y, por ende, a cobrarse una ansiada revancha de su rival más acérrimo.
Y si las cosas fueron bien en Europa, en Brasil fueron de escándalo. Entre tanta samba y tanto fútbol, Sega Master System logró hacerse hueco y convertirse en toda una institución, hasta el punto de que a día de hoy, atención… ¡aún se fabrica! Sí amigos, el veterano sistema todavía colea con fuerza en la forma de su más reciente versión, Master System Evolution, la última de múltiples revisiones entre las que se incluye una curiosa Master System Super Compact (con la consola integrada en el propio mando, así como una antena mediante la que se envía la señal a la televisión y que permite jugar a clásicos de siempre sin cables de por medio), todas ellas fabricadas por la compañía brasileña Tec Toy. ¿Quién decía que ya no se producen consolas de SEGA?
En lo que a videojuegos se refiere, de entre todos los personajes que vivieron aventuras durante los primeros años de vida de Master System hubo uno que destacó por encima del resto: Alex Kidd. Aunque llegó sin hacer demasiado ruido, este muchacho de características simiescas acabó de alguna manera convirtiéndose en la primera mascota de la marca en el intervalo comprendido entre 1986 y 1991. Durante este tiempo, hasta cinco títulos protagonizados por el carismático chaval vieron la luz, siendo Alex Kidd in Miracle World el primero, el más famoso y, en cómputos globales, el mayor éxito de ventas de entre todo el surtido de juegos disponible para la consola.
Ya hemos indicado que otros juegos importantes fueron adaptaciones de títulos de renombre desarrollados (por la propia SEGA en la mayoría de los casos) para recreativas. Ejemplos destacados serían Shinobi, Double Dragon, Altered Beast, Hang-on, Out-run o After Burner. Seguro que más de uno está experimentando una regresión ahora mismo, especialmente los de treinta para arriba. Es normal, han sido muchas, muchas horas. Y muy buenos momentos.
De los videojuegos señalados en el párrafo anterior, Hang-on, Out-run y After Burner tienen algunas cosas en común. En primer lugar, en los tres nos poníamos a los mandos de un vehículo: motocicleta de carreras, coche de súper-lujo y caza de combate, respectivamente. En segundo lugar, eran en los primeros en los que cualquiera se fijaba al entrar en un salón recreativo y los que más personas, “jugones” y curiosos por igual, aglutinaban a su alrededor, gracias sobretodo al espectacular diseño de sus cabinas y mandos de control. En tercer y último lugar, los tres fueron obra de la misma persona, un joven prodigio fichado por SEGA en 1983 llamado Yu Suzuki, quien, por si alguien no lo sabe, es el genio detrás de otros títulos tan emblemáticos e innovadores como Space Harrier (que también saldría para Sega Master System), Virtua Racing, Virtua Fighter, Virtua Cop o Shenmue (sobre los cuales ya hablaremos cuando corresponda).
Por supuesto, ya hacía tiempo que SEGA se había percatado de que, en su división dedicada al desarrollo de juegos para máquinas recreativas en general y en Yu Suzuki en particular, tenía un autentico filón y de que solo necesitaba la máquina adecuada para extraerlo y lanzar un asalto en condiciones al dominio insultante que Nintendo ejercía en su tierra natal y en Estados Unidos. Y es que, aunque las conversiones para Master System eran muy validas, quedaban todavía lejos de lo que se podía ver en los salones recreativos. De este modo, en 1988, en pleno auge europeo de Master System, la compañía sacaba a la venta en Japón a su nueva criatura, un verdadero monstruo de 16 bits al que llamaron Mega Drive.
Llegados a este punto debemos hacer una nueva pausa en nuestro relato, pero en breve estaremos aquí otra vez para repasar la suerte que corrieron tanto Mega Drive como sus sucesoras, el debut de SEGA en el mundo de las videoconsolas portátiles y, especialmente, el nacimiento de cierto amiguito de color azul y perfil borroso que llegaría a convertirse en todo un icono y con el que el público terminaría identificando a la propia compañía. ¡Casi nada!
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